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Donación y trasplante: continuar con la vida

Es fácil escuchar y opinar sobre la donación de órganos. Pero para algunos es difícil tomar la decisión de asumir ese compromiso, que se deberá cumplir una vez muerto. ¿Por qué sucede esto? Porque no estamos preparados para hablar de la muerte. Porque nadie espera dejar esta vida a temprana edad. Porque se espera envejecer junto a los seres queridos. Pero la verdad es que ser donante es un paso importante, porque se salvan vidas.

 

Con el correr de los años, la donación de órganos se instauró en la sociedad. Ya no es un tema tabú que solo se habla en los pasillos de los hospitales. Se conocen los casos de ablación y los órganos o tejidos que darán esperanzas a otros a través de los trasplantes, permitiendo que la lista de espera se achique un poco más.

 

En Argentina se sancionaron varias leyes sobre el tema, como la Ley 24.193 de Trasplante de Órganos y Tejidos en 1993, luego modificada en 2006 a través de la 26.066. Allí se estableció el donante presunto: “Toda persona capaz y mayor de 18 años pasa a ser donante de órganos y tejidos tras su fallecimiento, salvo que haya manifestado su oposición. En tanto, la negativa es respetada cualquiera sea la forma en que se haya expresado”.

 

En julio de 2018 se dio otro gran paso, cuando el Congreso de la Nación aprobó la Ley 27.447, conocida como la Ley Justina. La norma fortaleció el sistema de procuración, y agilizó y simplificó los procesos de donación y trasplante. Además de mantener el concepto de donante presunto. La ley lleva el nombre de Justina Lo Cane, una nena de 12 años que falleció en noviembre de 2017 por no recibir un trasplante de corazón a tiempo.

 

Si tomamos literalmente todas estas leyes, en el país no debería haber más ausencia de donadores. Pero la realidad es otra. Por eso surge la pregunta: ¿por qué si las leyes son tan claras, todavía hay pocos donadores? La respuesta está en que estas no se aplican al 100 por ciento, porque ante la falta de manifestación expresa (escrita) de las personas de donar, son los familiares directos quienes deben declarar la voluntad del familiar fallecido de donar sus órganos.

 

El dolor por la pérdida de un ser querido muchas veces sobrepasa el deseo del fallecido de donar sus órganos, y de esta manera no se concreta la ablación.

 

Se estima que por cada donante se pueden salvar hasta 7 vidas. Y eso quedó comprobado el lunes 29 de junio, cuando en el Hospital San Luis se realizó una ablación a una mujer de 32 años, que en vida dejó asentado por escrito su voluntad de ser donante. Esa generosidad salvará 6 vidas, entre ellas las de dos puntanos y un menor de edad que están en lista de espera.

 

Según los datos oficiales del Incucai, en la Argentina hay 8.945 personas en lista de espera, de los cuales 7.070 necesitan un órgano vital como corazón, pulmón o riñón. De ellos, 91 son puntanos.

 

Para evitar problemas y que se respeten los deseos personales, lo mejor es dejar registrada la voluntad de ser donante de órganos. Ese respeto a la elección puede mejorar o salvar la vida de muchos que hoy esperan sin otra esperanza que la solidaridad.

 

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