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El Estado marca el ritmo de la siembra de alfalfa en San Luis

Ya puso a producir 300 hectáreas y quiere agregar 300 más, además de varios lotes con ensayos, para que los productores vean que es viable cultivar la pastura en el semiárido.

Por Marcelo Dettoni
| 02 de mayo de 2021
Los técnicos. Alejandro Vergés y Federico Costanzo recorren la provincia con la misión de sumar más productores a Alfazal. Fotos: Gentileza Ramiro Gonçálvez.

Siempre es bueno predicar con el ejemplo, mostrar que el camino que uno ofrece es porque lo transitó primero. Eso da confianza, garantiza honestidad, brinda certezas a quien debe tomar una decisión, que no es sencilla cuando se trata de elegir una siembra perenne que va a acompañar al productor durante al menos un plazo de cuatro años.

 

Es lo que pasa con la alfalfa, una pastura que hoy puede ser la llave para solucionar muchos problemas, ambientales y de comercialización, para aquellos que tienen campos en la vasta zona que abarca la Cuenca del Morro y que fueron afectados en los últimos años por los excesos hídricos que provocaron incluso la aparición de nuevos cursos de agua que fueron arrasando todo a su paso, más allá de abrir cárcavas e impedir un desarrollo productivo.

 

Desde 2018, el Gobierno de San Luis viene trabajando en esa región cercana a Villa Mercedes, con una fuerte inversión que incluyó la creación de una empresa -Alfazal- con la figura de Sapem (sociedad anónima con participación estatal mayoritaria), que lanzó un ambicioso proyecto que busca incluir a los productores a partir de la prestación de servicios, capacitación y ayuda en la comercialización del producto.

 

 

Para el mismo lado. El equipo de Alfazal, junto al del Ministerio de Producción.

 

 

Pero, volviendo al principio, nada mejor que dar el primer paso para convencer a los demás. Por eso Alfazal, además de distribuir semillas de alfalfa y ofrecer su maquinaria para brindar el servicio de corte, ahora también pasó a ser un productor más de la pastura. Alquiló por 4 años (sinónimo de largo plazo) 600 hectáreas de un campo sobre la ruta 8, al norte de Villa mercedes, en la cuenca baja, donde el 26 de marzo sembró 300 de alfalfa también con dos propósitos: sumar volumen a lo que procesa de terceros en su planta de la Zona de Actividades Logísticas (ZAL) y hacer ensayos con distintas variedades para luego asesorar a los productores sobre cuáles van mejor en esos suelos y climas tan variables.

 

“Sembramos seis variedades para generar información útil sobre diferentes genéticas y semillas. Son distintos ciclos de madurez para que la cosecha y la henificación sean escalonadas. Esperamos tener la primera recolección a fines de noviembre o principios de diciembre”, cuenta Federico Costanzo, jefe del área Producción Primaria de Alfalfa, un ingeniero agrónomo con amplia experiencia con la pastura, al punto que vivió un año y medio en Arabia Saudita trabajando para una empresa que exporta justamente desde la ZAL.

 

Los técnicos de Alfazal tuvieron que trabajar muy duro en el campo, ya que se trataba de una tierra que llevaba años sin producir, llena de cortaderas y pasto puna, a lo que hay que agregar la presencia del ‘tundulo’, un topo que encuentra su hábitat ideal en suelos arenosos que tienen pasturas perennes, y que no aparece si hay sembrada soja o maíz. “Es un problema para el corte, porque levanta montículos de tierra que dificultan el paso de la máquina. Solo es posible combatirlo con la rotación con cultivos anuales”, agrega Alejandro Vergés, jefe del Subprograma Producción Primaria de Alfalfa.

 

 

Empezaron de cero
Otra tarea ardua fue desmalezar el alcanfor que poblaba esas tierras, y limpiar los restos de cañas de quinoa y morenita esparcidas por los surcos, ya que dificultan la implantación de las semillas. Con un preemergente (Preside), lograron inhibir la germinación de malezas por 30 días, lo que le dio a la alfalfa una ventaja competitiva sobre estas malezas en la lucha por el agua, el sol y los nutrientes. Luego agregaron el graminicida Galant con aceite y cobertor de pH para controlar gramón y sorgo de Alepo, por lo que hoy el campo luce distinto, con el verde surgiendo fuerte, más allá de algún tamarindo que asoma y que no se puede arrancar a mano porque está muy aferrado a la tierra; y de algunos manchones de sal en los contornos, donde por supuesto que tampoco se desarrolla la pastura y son un recordatorio de la cuesta ambiental que hay que remontar para llegar a buen puerto.

 

La siembra fue convencional, debido a la altura del fachinal, aunque Costanzo reconoce que “tuvo aspectos de la siembra directa”. La densidad elegida fue de 18 kilos de semilla por hectárea, con un objetivo de lograr 350 plantas por metro cuadrado a los 45 días de la emergencia.

 

 

Brotes verdes. La alfalfa comenzó a crecer con fuerza, ayudada por las lluvias.

 

 

En cuanto a las variedades de alfalfa, pusieron dos del grupo de madurez 6, otras dos del 7 y dos del 9, que son las que tienen menos latencia, por lo que producirán más durante los rigores del invierno, ya que crecen mejor en climas extremos. “En teoría, después habrá que ver qué pasa con el clima, con la 6 hacés un corte para esta época y otro en noviembre, con la 9 podés hacer más cortes durante el año, pero con menos producción. Se podría decir que la 6 es el ‘caballito de batalla’ para esta zona”, agrega el ingeniero agrónomo.

 

Las dos variedades del grupo de madurez 6 son la Imperial (del semillero Aiasa) y WL 611 (WL); del 7 fueron implantadas Pulmarí (Palo Verde) y CW 660 (Cal West); mientras que del 9 eligieron Traful (Palo Verde) y CW 194 Premium (Cal West). Las semillas con mejor genética son las de WL y Cal West, aunque todas son peleteadas, lo que les da más tamaño en el surco, tienen fungicidas e insecticidas incorporados y su recubrimiento físico con material inerte protege mejor el embrión en el surco.

 

Para poder exportar alfalfa a los países de Oriente Medio, que son ávidos compradores ya que tienen restricciones en el uso del agua y la necesitan para abastecer de comida a las vacas de sus tambos de última tecnología, es necesario alcanzar un estándar de calidad muy alto, que medido en proteínas debe estar como mínimo en el 18%. 

 

“La calidad de la proteína siempre depende de la genética de la semilla”, asegura Costanzo, quien reconoce que una de las tareas más difíciles es cambiar el paradigma cultural de los productores, que toda la vida usaron la alfalfa para sus rodeos y jamás soñaron con que podían exportarla, por lo que ahora necesitan capacitación.

 

 

Extensión rural
La invitación a recorrer el campo corrió por cuenta de Sebastián Lavandeira, el secretario de San Luis Logística, la dependencia que maneja la Alfazal. Participó también su hermano Juan, el ministro de Producción, ya que ambos entes estatales tienen planes de extensión rural en conjunto, que incluyen capacitaciones para los productores que se decidan por la alfalfa.

 

El "paseo" es un espectáculo para la vista, porque se nota que en esos lotes que eran puro monte y maleza, ahora asoma un verde profundo. La prolijidad es absoluta, las parcelas están bien delimitadas, cada una contiene una variedad distinta de alfalfa y en el medio quedaron islas con caldenes, para resguardar la vegetación autóctona. En los contornos, todavía resisten cortaderas y alcanfores, que posiblemente en una segunda etapa le dejarán lugar a más alfalfa, ya que quieren duplicar la cantidad de hectáreas hasta llegar a las 600.

 

En años secos como 2019, la alfalfa tuvo mejores márgenes brutos finales que la soja y el maíz, lo que la convirtió en una buena alternativa para sumar a las rotaciones agrícolas. “Ya hay un mercado abierto con los países árabes, tenemos la tecnología para preparar las exportaciones en la ZAL y el precio internacional es interesante”, dice el titular de San Luis Logística, adoptando el papel de un eficaz vendedor de productos y servicios.

 

 

La alfalfa para exportación debe tener 18 puntos de proteína, buen color, buen olor y sin flatoxinas", dijo Alejandro Vergés, jefe de subprograma producción primaria de alfalfa.

 

 

La inversión también incluye mejoras en el predio ubicado a la vera de la ruta interfábricas, en el ingreso a Villa Mercedes. Allí, la Alfazal intercambió galpones con Cementos Avellaneda (pasó a operar en el cross docking) y ahora cuenta con un espacio de 1.800 metros cuadrados, al que le están adosando un techo de chapa de 900 metros cuadrados para armar una zona semicubierta para carga y descarga en la que ya funciona la compactadora de alfalfa que compró San Luis Logística en España y tiene una capacidad de hacer siete toneladas por hora. 

 

Además de las 300 hectáreas que están verdeando a la vera de la ruta 8, en un costado del predio la Alfazal desarrolla un ensayo con siete variedades de alfalfa, seis de las que ya conocen más una completamente experimental. Son lotes de 450 metros por 40, aproximadamente 1,8 hectáreas, en la que van a generar información gracias a un convenio con el INTA, que aportó al ingeniero Mario Funes, uno de los especialistas en alfalfa más importantes del país. 

 

“Queremos ver cómo se comporta cada una de acuerdo al clima y el rendimiento. Vamos a cortar primero las del grupo de madurez 9, luego la 7 y finalmente la 6, las enrollaremos por parcela y mediremos kilos finales, proteína y calidad”, explica Costanzo, y agrega: “La alfalfa de exportación necesita más de 18 puntos de proteína y bajo nivel de fibra, además es clave que la pastura luzca buen color y se perciba buen olor, y además que no contenga flatoxinas”.

 

 

Servicio a campo
Alfazal tiene buena maquinaria para armar megafardos, que es el modelo que mejor le cae a la exportación. “Hay que cortar con baja floración y hacer los megafardos o bien rollos recubiertos con una malla. Si se va a atar con hilos es indispensable hacerlo con baja humedad, para vender en el exterior tiene que ser menor al 15%”, dice el ingeniero agrónomo, que por estos días está cortando en el campo de un productor del Valle del Conlara que confió en el proyecto desde sus inicios y está viendo los frutos.

 

En cada lote que visita la comitiva, los especialistas se agachan y hurgan entre las hojitas. Están monitoreando la presencia de trips, una plaga muy molesta, que por suerte no está presente en esta primera fase de crecimiento, que es cuando más daño puede hacer.

 

En estos momentos, según Vergés, necesitan “una temperatura entre 15 y 20 grados, humedad y mucho sol; además que no vengan heladas grandes”. El agua en el perfil es suficiente y la napa está a metro y medio en algunas zonas, con una calidad intermedia. La alfalfa es un cultivo perenne que puede durar hasta 6 años, aunque con cortes intensivos como los que planean, tendrá 4 años de buena producción. 

 

Los costos de implantación son parecidos a los del maíz, unos 400 a 500 dólares la hectárea con semilla de alta calidad genética. Tiene ventajas sobre el cereal: no la afectan las heladas tardías ni corre con riesgos por el granizo, tan común en esta región. Alfazal tiene, además de las hectáreas propias, 1.500 de distintos productores del corredor productivo Quines-Candelaria, el Valle del Conlara, de Villa Mercedes al sur hasta Navia y Justo Daract. Además tiene algunos que traen la alfalfa desde Sampacho y General Cabrera, en Córdoba. “El rinde está entre 8 y 10 toneladas por hectárea en secano en Villa Mercedes, pero queremos llegar a las 12 con buen manejo cultural, que incluye eliminación de plagas y cortes adecuados en tiempo y forma”, evalúa Alejandro Marín, el jefe del Programa Zona de Actividades Logísticas Agropecuarias.

 

 

Los costos de implantación son parecidos a los del maíz, unos 500 dólares la hectárea con semilla de alta calidad genética, que es clave.

 

 

“A los productores hay que mostrarles las ventajas de hacer alfalfa de calidad, cuando le daban la pastura a las vacas hace años atrás no importaban las plagas o el nivel de proteína, pero si quieren ir un paso más allá y colocar la mercadería en el exterior, esos detalles hay que cuidarlos”, asegura Vergés, quien reconoce que “siempre hubo un tema cultural con el corte, no se hacía en los tiempos que requiere la pastura. Nosotros con la Alfazal estamos en condiciones de darles un buen servicio en el campo y luego la logística necesaria para que el negocio les cierre a todos”.

 

Ahora, como siempre y con las herramientas a disposición, la última palabra la tendrán los productores. El Estado ya hizo su parte y predicó con el ejemplo.
 

 

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