13°SAN LUIS - Lunes 15 de Agosto de 2022

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Ensoñación de terciopelos

En una noche reservada, con raíces experimentales, un desfile estuvo dedicado a los complementos.

Por redacción
| 17 de mayo de 2022
En contacto. Los protagonistas bailaron alrededor de las mesas e hicieron contacto visual con cada uno de los comensales. Los interrumpían para danzar entre ellos al colisionar en el medio.

Las escaleras aterciopeladas en rojo que conducen al reservado "Lux" ubicado en la parte superior del bar Española Way, ya adelantaban lo que sería una noche íntima, experimental —al menos si de moda en San Luis se trata— y glamorosa.

 

El cortinado a juego con las escaleras, candelabros en cada mesa y la tenue luminaria en tonos rojizos creaban un clima de sofisticación en el bar. Una carta de tragos ostentosa completaba el menú y calentaba los paladares de las casi 50 personas que tuvieron la fortuna de ver el primer desfile de la marca de accesorios Holly.

 

“Son todos clientes y amigos”, dijo la dueña de la marca, Dafne Palacio, columnista de Cooltura, el suplemento dominical de El Diario de la República. Y agregó que, si todo salía bien, la idea era repetir el desfile con cierta regularidad. El show de la noche del sábado fue una especie de prueba piloto que a juzgar por los aplausos y halagos al final de la presentación fue más que satisfactoria.

 

 

 Bailarines fueron los responsables de cargar con los tesoros de la noche dorada en San Luis.

 

Pasadas las 23 comenzó el "Holly fashion show", acompañado por una música electrónica con partes cantadas en francés; seis modelos, cinco mujeres y un varón, aparecieron en escena. Líneas negras como raíces florecían en sus rostros, pelo recogido y ropa urbana simple pero bien combinada dejaban que los protagonistas fueran los accesorios.

 

Hasta allí sucedió la parte convencional del desfile, tras una pasada de presentación con rostros serios y caminata firme y recta, los seis artistas salían y entraban espaciadamente del salón para bailar en cada mesa. El hipnótico ritual solo era interrumpido cuando, en medio de la pasarela que era un espacio rectangular al que apuntaban todos los comensales, dos modelos se encontraban.

 

Los cuerpos y las miradas chocaban de manera erótica para unir cuerpos, pasos de baile y brillante joyería de diseño. Los “talentos”, como definió Dafne a los bailarines que oficiaron de modelos, y los “tesoros”, para referirse a la joyería, parecían atacar con miradas feroces y brillos destellantes a los asistentes que, gustosamente, conectaban con sus interlocutores y acariciaban las telas que los envolvían. Algunos, para comprobar discretamente si lo que vivían era real y no una especie de ensoñación aterciopelada.

 

Dos puntos marcaron una diferencia con los eventos de moda que suelen verse en la provincia. Primero, la productora del evento no recurrió a modelos, sino que convocó a actores, bailarines y hasta a una acróbata para que desfilaran las piezas. Segundo, el uso de piezas de indumentaria recicladas hechas por "La Terre”, a través de la incorporación de fragmentos de rollos de negativos y de prendas de ropa modificadas que la diseñadora intercambia por descuentos en la marca.

 

El show, una humilde adaptación modernizada de la Gilded Age (edad dorada) parisina, llegó a su fin con agresividad y resultó en la explosión del "Tutting dance", un baile de manos y brazos que los modelos utilizaron para direccionar de manera constante la mirada del público a los tesoros dorados de la noche.

 

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