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Ucrania: de la misión relámpago al largo desgaste

Rusia invadió confiada en una rápida resolución con pocas consecuencias: nada de eso pasó, y medio año después el conflicto arrastró al mundo a la inflación y la crisis energética.

Por Gabriel Maldonado
| 21 de agosto de 2022
Fotos: Archivo Agencias.

 A tres días de que se cumplan seis meses del inicio de la guerra en Ucrania, los planes del Kremlin y el presidente ruso Vladimir Putin están lejos de las primeras presunciones que hablaban de una guerra corta. La invasión justificada en “motivos de seguridad nacional” por los deseos de Kiev de ingresar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no fue una “operación relámpago” como pensaba Moscú, y se transformó en una guerra de desgaste que no parece tener un final cercano.

 

Palabra cotidiana por estas tierras, la inflación apareció en boca de estadounidenses, europeos y otros países de Latinoamérica nada habituados a ella. La preocupación por los cereales inmóviles en puertos rusos y ucranianos creció y empezó a disiparse recién en las últimas semanas, cuando los envíos se reiniciaron tras un pacto lleno de desconfianzas. Las dudas por la crisis energética se ciernen sobre Europa y mantienen a Occidente en vilo.

 

El golpe de la guerra a la economía global fue tremendo. Las sanciones a Rusia, las amenazas del Kremlin de cortar el gas ruso a la Unión Europea, los reclamos del presidente ucraniano Volodimir Zelenski para que le enviaran armas, la pasividad occidental de la alianza que lidera Estados Unidos, temerosa de involucrarse en un conflicto armado sin pronóstico claro… Todo ese cóctel derivó en una profunda crisis de la que nadie parece a salvo.

 

 

 

El choque militar entre Moscú y Kiev ha dejado varios flancos que podrían dar paso a un nuevo trazado geopolítico a casi 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, en los que “reinó la paz”.

 

Las víctimas: La última cifra de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos es del pasado 10 de junio. Según esa organización, entre el 24 de febrero y el 9 de junio, la guerra causó 4.339 muertes civiles en Ucrania, y 5.246 heridos. Las bajas militares varían según la fuente; no hay una cifra certera de cuántos soldados han caído.

 

La guerra de desgaste: a casi 6 meses del comienzo de la invasión, es muy incierta la chance de que el conflicto militar termine en el corto plazo. Ya hay más de diez millones de desplazados, un mundo que soporta el duro coletazo socioeconómico por la drástica escalada inflacionaria, el encarecimiento de los hidrocarburos y la escasez de alimentos básicos e insumos para el agro. Rusia y Ucrania son dos de los mayores productores de granos y de fertilizantes en el planeta.

 

Las previsiones sobre que la guerra terminaría cuando Kiev desistiera de entrar en la OTAN ya son historia: las hostilidades crecen y amenazan con empeorar en esta segunda mitad de 2022.

 

 

50 millones
de personas corren riesgo de padecer hambre por el bloqueo de los puertos de embarque en el mar Negro. El grano que está en Ucrania equivale a la alimentación de 400 millones de personas.

 

Sanciones y peligro nuclear: desde el comienzo el gobierno ucraniano de Volodimir Zelenski no solo reclamó a Occidente aumentar las sanciones a Moscú, sino que pidió (y recibió) arsenales de armas, incluyendo sistemas de cohetes de alta precisión, drones, artillería de mediano alcance y municiones. Este apoyo permitió a las tropas locales recuperar terreno en algunas zonas y blindar la capital Kiev, aunque las tropas del Kremlin controlan la principal central nuclear ucraniana: Zaporiyia, la más grande de Europa.

 

El tema que está en el centro de las preocupaciones de la opinión pública es la amenaza de un desastre nuclear. La central de Zaporiyia, controlada por Moscú, es el centro de preocupación internacional tras los bombardeos que sufrió esta semana. Rusos y ucranianos se acusan mutuamente por esos ataques.

 

 

 

El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) alertó al mundo sobre un "riesgo real de desastre nuclear", advertencias que traen a la memoria el accidente nuclear de 1986 en la planta nuclear de Chernóbil, en la Ucrania soviética, que dejó cientos de muertos y provocó una nube radiactiva que cubrió toda Europa por décadas.

 

Zaporiyia, cerca de la península de Crimea (anexada por Moscú en 2014), fue conquistada por Rusia el 4 de marzo, en los primeros días de la invasión.

 

La guerra energética: el gas ruso fue desde el inicio un arma económica exhibida en varias ocasiones entre Rusia y Europa. El enfrentamiento disparó el precio del gas natural y del petróleo por los temores a los cortes en el suministro.

 

 

 

Moscú, Kiev, Estados Unidos, la UE, la OTAN y hasta China, en medio del cambio de liderazgos en el mapa mundial

 

El 22 de febrero, el canciller alemán Olaf Scholz anunció la suspensión del gasoducto Nord Stream 2, que unía a Rusia y Alemania, en represalia al reconocimiento oficial de Moscú de los territorios separatistas del este de Ucrania. Esto enfrentó a Alemania (importa la mitad de su gas desde Rusia) con Estados Unidos y parte de Europa. También alimentó la tensión entre Rusia y Ucrania, al que la construcción de Nord Stream 2 hizo temer la pérdida de sus ingresos por el tránsito del gas ruso por su territorio.

 

El 8 de marzo, el presidente estadounidense Joe Biden prohibió las importaciones de hidrocarburos rusos y el Reino Unido anunció el fin de las importaciones de energía rusa. En respuesta, el 23 de marzo Putin prohibió a los europeos el pago del gas ruso en dólares o euros, como respuesta al congelamiento de unos 300 mil millones de dólares de reservas en divisas en el extranjero de Rusia.

 

 

 

El 27 de abril el gigante ruso Gazprom suspendió sus envíos a Bulgaria y Polonia, altamente dependientes del gas ruso. El 21 de mayo el gas dejó de llegar a Finlandia, que también se negó a pagar en rublos y provocó la ira de Moscú al pedir su ingreso a la OTAN. Después les llegó el turno a Países Bajos y Dinamarca.

 

El 30 de mayo, los 27 países de la UE acordaron reducir en un 90% sus importaciones de petróleo ruso para fin de año, pero no impusieron un embargo al gas de ese país.

 

La catástrofe: en medio de esta tensa pulseada política, estratégica y económica, se desata una terrible crisis humanitaria que gana víctimas minuto a minuto. Más de 16 millones de ucranianos necesitan ayuda humanitaria y más de 6 millones siguen desplazados dentro del mismo país, según declaró la coordinadora humanitaria de la ONU en Ucrania, Osnat Lubrani. "Necesitan agua, alimentos, servicios de salud. Unos 5 millones de personas lograron volver a sus hogares, pero saben que podrían verse obligados a huir de nuevo".

 

El diálogo, que apareció tímidamente solo 4 días después de la invasión rusa, se desvaneció con el correr de las horas y hoy parece una utopía. Zelenski y Putin lo reclaman, pero también lo frenan, empecinados en doblarle el brazo a su rival. El conflicto, por ahora, está estancado. Pero también más vivo que nunca.

 

 

Redacción / NTV

 

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