Lo ataron, lo golpearon y le robaron: a un año del golpe no hay detenidos
La familia del productor rural de 71 años, golpeado con ferocidad en enero del año pasado, advierte sobre dilaciones en la causa. Sospechan que los propios investigadores estarían involucrados.
"Bueno, ya no sé qué más entregarle. Si me van a seguir maltratando hasta matarme, péguenme un tiro." Estas fueron las palabras desesperadas de José Latini durante las horas de horror que vivió el 28 de enero de 2024 en su vivienda rural, localizada en la zona de El Vinagrillo, a pocos kilómetros de Luján. Golpeado, maniatado y amenazado de muerte, Latini no pudo soportar más el brutal ataque de dos hombres encapuchados que ingresaron a su hogar buscando dinero. Lo llevaron de un lugar a otro dentro de la propiedad, dejándolo tirado en el suelo mientras lo golpeaban y lo sometían a constantes amenazas contra su familia.
Las agresiones duraron desde las 11 de la noche hasta pasada la 1:30 de la madrugada del 29 de enero. Durante ese tiempo, los asaltantes no solo lo torturaron física y psicológicamente, sino que también destruyeron las cubiertas de su vehículo y se llevaron celulares, armas y dinero en efectivo, dejándolo completamente aislado. José Latini tuvo que caminar un kilómetro al amanecer para pedir ayuda a sus vecinos, marcando el inicio de un año lleno de inacción e indiferencia por parte de las autoridades.
A pesar de la crudeza del hecho y de las pruebas recolectadas —que incluyen fotografías de los lugares donde fue golpeado, manchas de sangre y relatos detallados—, el caso no ha avanzado significativamente. La familia de Latini entregó datos clave a la Fiscalía, presentó escritos con nombres de sospechosos y posibles cómplices, e incluso contrató un abogado para presionar por respuestas.
Los testimonios de la familia y la propia víctima son escalofriantes. Las amenazas hacia sus seres queridos formaron parte de la estrategia de los delincuentes, quienes jugaron con el terror psicológico para obtener lo que buscaban. José, quien ha residido en su propiedad del Vinagrillo por más de 26 años, llegó a un punto de desesperación extrema.
Lo más indignante es que, además de la brutalidad del ataque, el caso pone en evidencia las fallas estructurales de la seguridad rural. En julio de 2024, un policía anónimo se contactó con la familia para denunciar encubrimientos dentro de la fuerza, señalando que las armas robadas habrían sido revendidas y que las pruebas recolectadas en las primeras horas podrían haber sido manipuladas. A pesar de esta grave acusación, no se realizaron allanamientos ni se tomaron medidas contundentes contra los posibles responsables.
Desde el Ejecutivo provincial, la respuesta no ha sido mejor. Un mensaje enviado al Secretario privado de la Ministra de Seguridad recibió como respuesta que el Gobierno no podía intervenir mientras la Justicia actuara. Pero, ¿realmente está actuando? A lo largo de este año, no ha habido ni un solo avance concreto en la investigación. El abogado del damnificado, Victor García Garro, aseguró que trabajan en conjunto con la fiscalía de Instrucción 3, a cargo de Esteban Roche, pero efectos concretos no se han visto: aún no hay detenidos.
Mientras tanto, la familia de José Latini sigue cargando con el peso de la inacción. Las constantes amenazas y los robos sistemáticos en la zona norte de San Luis no solo afectan a los productores rurales, sino que también reflejan un panorama desolador para quienes viven alejados de los centros urbanos. El caso de Latini debería haber sido un punto de inflexión, un ejemplo de que la Justicia y la seguridad pueden funcionar. Pero lo que dejó fue un mensaje de abandono y desprotección.
La comunidad del norte de la provincia sigue esperando respuestas. Este ataque no fue solo un hecho aislado, sino parte de un problema estructural más amplio: la indiferencia hacia quienes viven y trabajan en áreas rurales. Mientras las autoridades se limitan a discursos vacíos y a señalar que “se está trabajando”, las víctimas siguen sufriendo en silencio y la impunidad se perpetúa.
Las palabras de José Latini aquella noche son un recordatorio de la desesperación a la que se enfrentan las víctimas de la violencia rural. "Bueno, ya no sé qué más entregarle. Si me van a seguir maltratando hasta matarme, péguenme un tiro."
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