El prisma nunca objetivo de la Historia
La historiadora cordobesa reunió a un buen grupo de puntanos interesados en el pasado un viernes a la noche y deshizo algunos mitos que solo sirvieron para la idealización.
Tanto al inicio como al final de su presentación Pupina Plomer resaltó el hecho de que exista un público que un viernes a la noche asista a un show en el que se hable de Historia. “Yo no lo haría”, bromeó la disertante en la primera de una serie de intervenciones que generaron una sonrisa en el público.
“Depende”, el nombre del espectáculo, se basa en una serie de consignas que la popular historiadora cordobesa, con cúmulos de seguidores en las redes sociales, escogió como disparadores para sus ideas. El punto común -que en realidad es el concepto general con que Plomer enfrenta su carrera- es el punto subjetivo que tiene la ciencia.
Para Pupina, la Historia es útil si con ella se visibilizan algunos aspectos ocultos y, de ese modo, se saldan las injusticias. Uno de los peligros que encontró en sus exposiciones es la idealización que se hizo -en su mayoría en ámbitos escolares- de algunos sucesos trascendentes para la Nación.
El show de la historiadora tiene el formato de una clase, con una computadora que falló como le sucede a las docentes, una pantalla que reprodujo memes, publicidades y algunas ilustraciones que apoyaron las palabras de la disertante, alejada de la romantización escolar de su materia.
La revolución de mayo, el día de la mujer, la población afro en el país, la denominación de Argentina como el famoso crisol de razas (“las razas no existen, eso es para los animales”) fueron algunos de los temas que pasaron por el prisma particular, diáfano, desestructurado aunque debidamente documentado de Plomer.
La profesional consideró que la visión de que todo tiempo pasado fue mejor es una actitud peligrosa y tuvo algunas sentencias que sirvieron como buenos títulos para quienes se interesen por los detalles históricos, como la actitud patoteril de French y Berutti, la idea desarticulada de Sarmiento de traer franceses de la alta sociedad, la poca probabilidad de que el 8 de marzo se haya incendiado en Estados Unidos una fabrica llena de mujeres, la hipocresía del Primer Triunvirato sobre la esclavitud, el color de piel de “Cuti” Romero y la frondosa melena afro de “La Mona” Jiménez.
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